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lechuza

Salviamo la patria!

Salviamo la patria! Histeria colectiva
Nacionalismo incoherente
Patria a/y/o muerte

De repente los autómatas reclaman su libertad, se sienten a gusto amando ¿amando?, Eso expresan a su país, dejándose embelezar por el sentido de pertenencia infiltrado a través de conceptos como capital intelectual, patriotismo, libertad…

La mejor forma para mantenerlos en calma ha sido mostrándole que un país les pertenece, de esta forma los coprófagos han digerido suculentamente su placer, a su vez, sintiéndose dueños se ha convertido en esclavos, cuando todo es tuyo, en realidad, nada te pertenece.

Se remiten a la historia, una historia que en muchos casos se inventan por falta de memoria, acomodándola a conveniencia, pues ese ciertamente ha cumplido continuamente la historicidad a la cual le es inherente la respectiva i-logicidad.

“Estoy vendido”, “Estoy en venta”, “llame al 0800-NUL000”, rezan sus estandartes, cediéndose y valga la similitud “hendiéndose” ante el pelotón; según amerite la circunstancia, se tornan amigables, cofrades por un instante, en ascuas de la “Libertad”, en devoción a un Dios, a una bandera, a la verdad empaquetada que se les ha vendido para ser un ciudadano. Entre ellos se observan, ven en sus miradas camaradería, pues ven su reflejo, el reflejo de la decadencia al que están acostumbrados, el espejo en su entorno les devuelve su yo idolatrado, por ende, dirigen unas palabras amistosas, viéndose bajo el mismo patrón, se exclaman mutuamente:



Sea el caso de conocimiento contrario a los ejes de la verdad absoluta, para merecer inmediatamente la etiqueta de enemigo, sea cual fuere los argumentos si no están expresados en los exactos términos morales e instrumentales queda execrada esa otra persona.

¿Independencia de que?, como se puede aspirar algo que nunca se ha conocido, los autómatas desconocen la autonomía, se hallan en una constante mediatización en consecuencia, nunca han conocido tan siquiera un destello de autonomía, ¿Qué es para ellos entonces la libertad?, no más que una elemental sensación inducida, ficticia, un antojo que se compra en una tienda o aquella alcanzada por un guru de alguna línea telefónica, entre otros tantos casos soeces, y siempre seguirá siendo de esta manera hasta que el hombre como tal no reconozca los eslabones que le han atado desde que como ente social se ha venido desarrollando.

Irónicos comportamientos según el contexto en el que se desenvuelvan, en la ciudad son extraños, carentes en su mayoría de sentimientos amistosos, en incesante zozobra y desconfianza, luego como invitados aislados se reúnen para fortalecer las dependencias, de pronto se olvida el anonimato, se expresa amor, sonrisas, actuando de la mejor manera posible, al terminar la sesión, se cambia de transmisión, se vuelve a ser extraños “hermanos”, extraños del mismo padre, del mismo amor, y sin embargo de diferentes sentimientos.

¿La prueba de que el hombre execra al hombre?
Basta encontrarse en medio de una muchedumbre para sentirse solidario de todos los planetas muertos. (E.M.Cioran).
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